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-¿Por
qué tardaste tanto?
Acababa
de llegar a la casa y, obviamente, Adrienne estaba bastante molesta por su
demora, por lo que lo interrogaba de brazos cruzados en el vestíbulo.
-La
profesora de Joey quiere hablar con nosotros en la tarde –fue todo lo que dijo,
entrando, un tanto molesto; la verdad era que había pasado por fuera del
edificio de Amelia y se había quedado ahí más de la cuenta, pensativo,
esperando sentir algún indicio de la presencia de la joven. Obviamente, no
sintió nada, ya que no estaba ahí, por lo que se fue, en un estado mental peor
que cuando había llegado.
Adrienne lo miró confusa.
-¿Qué hizo Joey ahora? –inquirió.
Billie negó.
-Nada malo. La profesora sospecha que es
superdotado, nada fuera de lo usual –espetó, irónicamente, sin controlar el
volumen de su voz, al ver que su ex esposa quería más información, avanzando al
interior de la casa.
Adrienne lo sujetó del brazo, impidiendo su
avance.
-No tengo idea qué problemas tienes, pero
eso no te da permiso para decirme así las cosas –lo regañó-. Así que te vas a
calmar o te vas y llamamos al abogado otro día, porque no quiero lidiar contigo
así.
Billie se limitó a asentir, sin voltearse,
a la vez que Addie lo soltaba, lentamente.
-Lo siento –farfulló él, cruzado de brazos,
arrepentido de haber reaccionado mal, mas sin lograr que su molestia
desapareciera-. No estoy en mis días.
-Me
di cuenta… La última vez que andabas así de volátil era cuando estabas a punto
de entrar a un embarazo psicológico cuando esperaba Jakob –musitó, mirándolo
severamente, mas con preocupación-. ¿Problemas con tu noviecita?
Billie
apretó los puños.
-No
es mi novia –susurró.















