No podía creer que después de todos estos años nos hubiésemos encontrado. No podía ser.
-¿Cómo has estado, Denisse? -me preguntó él, quien se veía tan o más asombrado que yo.
-Bien, todo normal, ya sabes... -empecé.
-No, no sé -dijo él como si fuese obvio. Tenía razón. Hacía exactamente 18 años que no nos veíamos, que no hablábamos.
-¿Y tú cómo estás? ¿Hay algo o alguien especial en tu vida? -le pregunté. Realmente quería saber que había pasado con ellos. Maldición, ¿por qué no podía olvidar las cosas más fácilmente?
-Estoy bastante bien y sí hay alguien especial... ¿Recuerdas a...? No, te fuiste antes... -dijo él, confuso... y con razón, ni él ni nadie nunca supo por qué me fui-. Bueno, su nombre es Adrienne, estamos casados y tenemos dos hijos, Joseph y Jakob.
Me mostró su anillo y me di cuenta, por lo poco que pude ver de su brazo, que estaba lleno de tatuajes.
-Wow, en serio, no puedo creer que hayas vuelto -dijo él, aún asombrado-. Pero cuéntame, ¿qué ocurrió cuando te fuiste?
Enmudecí. Billie era una muy buena persona y sabía escuchar. Pude haberle contado todo. Estuve apunto de hacerlo, pero recordé el pacto secreto que habíamos hecho yo y él, el hombre a quien más quería olvidar, el hombre a quien más amé y que más odiaba.
-Prefiero no hablar de eso aún, Billie -le dije, con sólo un poco menos de ánimo.
Parecía que quería insistir más con el tema, pero se contuvo. En cambio preguntó: