-Mamá, ¿puedes hacerme un favor? –susurraba el joven, bastante sonrosado.
Era una fría mañana a mediados diciembre de 2013. Aquella mañana, Joseph Armstrong se encontraba en la cocina con su madre, Adrienne, quien quedó mirándolo extrañada ante el nerviosismo que presentaba su hijo.
-Sí, claro, ¿qué ocurre? –preguntó ella, algo preocupada.
Él estrujó sus manos, bastante nervioso.
-¿Puedes mantener a papá fuera hoy hasta bien entrada la noche? –soltó él.
Addie lo miró más extrañada aún.
-Joey, ¿qué pasa? –Su tono de voz ahora era realmente preocupado.- Soy tu madre, puedes decirme lo que sea.
Rendido, él se dejó caer en una silla de la cocina.
-Necesito la casa sólo para mí y Jennifer hoy –susurró Joey.
-¿Por qué? Su aniversario ya fue y…
Se interrumpió al ver el objeto que su primogénito acababa de sacar de su bolsillo: Una pequeña cajita cubierta de terciopelo azul.
-Joey –susurró ella, emocionada-. ¿Vas a…?
Él asintió, con una sonrisa, intentando disolver el nudo que tenía en la garganta. Finalmente, se había decidido a pedirle la mano a Jennifer Kiffmeyer, su novia desde hacían ya cuatro años. Algunos lo encontrarían apresurado o que eran demasiado jóvenes, mas él creía que estaba bien. Después de todo, ambos se amaban y se encontraban el uno para el otro.
-¿No crees que es muy pronto? –preguntó su madre, como leyéndole el pensamiento- Digo… eres tan joven y eso y…
-Mamá, tengo dieciocho años… Y de aquí a que nos casemos, yo creo que ya tendré diecinueve y sus buenos meses –musitó él-. Así que… ¿Me ayudas?
Adrienne sonrió.
-Llamaré a Tré para que haga alguna fiesta o algo esta noche. Volveríamos mañana… ¿Necesitas ayuda para sacar a Jake? –contestó y preguntó.
-Por supuesto que no, es mi cómplice. –Volvió a sonreír.- Espero que esto funcione…
-Lo hará… Ahora, ¿por qué no se lo has comentado a tu padre?
Joseph se sonrojó, un tanto incómodo.
-Tú estabas aquí cuando papá supo que Jenny y yo estábamos juntos. No quiero darle un infarto –farfulló.
Ella rió.
-Él sólo quiere lo mejor para ti…
-Sí, pero recuerda que Jenny es su “propiedad”, ¿no? –susurró él, disimulando los celos que su padre llegaba a causarle a ratos, sin saber que su madre tenía los mismos pensamientos, a la inversa.
-Pero aún así, quiere que los dos sean felices –musitó ella-. Y lo serán.
Él sonrió.
-Gracias mamá…
Jenny llegó varias horas después. Para entonces, tanto Adrienne como Billie habían salido a la pequeña reunión que Tré había organizado para ellos, Mike, Britt, ambos Jason’s y quién sabe a para quién más. Obviamente, ella no sabía eso, por lo que se extrañó al encontrar todas las luces de la casa de los Armstrong (y ella) apagadas.
-¿Joey? –preguntó ella, mientras entraba. No obtuvo respuesta.- ¿Billie? –Nada.- ¿Jake? –Puso su chaqueta en el colgador que había a la entrada.- ¿Addie?
Avanzó un poco y descubrió que había un poco de luz, la cual provenía del comedor. Y no era una luz de una lámpara o alguna ampolleta. Era una luz que titilaba, como si proviniese de una vela… Más extrañada aún, se dirigió hacia allá.
Se cubrió el rostro con ambas manos al ver que, sobre la mesa del comedor, había un candelabro (con sus correspondientes y encendidas velas), dos platos ya servidos, dos copas de vino y varios pétalos de rosa.
-Buenas noches, Jennifer –saludó alguien a sus espaldas, sobresaltándola. Se volteó.
-Joey, ¿qué es esto? –preguntó ella, aún emocionada.
-Oh, una pijamada –ironizó él, con una sonrisa-. Una cena, obviamente.
Ella sonrió, mientras que él se acercaba a ella y la abrazaba, para luego besarla, delicadamente, como si fuese algo muy frágil y digno de cuidado.
-¿Cenemos? –preguntó él, con una pequeña sonrisa
-Por supuesto –accedió ella, con una sonrisa un poco más amplia.
Joey sacó una silla, invitándola a sentarse. Jenny rió levemente y se sentó, a la vez que él daba la vuelta a la mesa, para sentarse frente a ella.
La comida estaba bastante buena (más tarde, ella se enteraría que había sido preparada por Jake, quien se encontraba muy ocupado intentando escuchar todo desde la cocina) y fue acompañada de una amena conversación entre ambos.
-Esto fue fantástico –susurró ella, varios minutos después de terminar de comer, tras un corto silencio-. Me gustaría saber cuál fue tu motivación.
Él volvió a sonreír.
-Te amo –musitó él, poniéndose de pié, rodeando la mesa y acercándose a ella-. Demasiado.
Se acercó a ella y la besó.
-Yo a ti –susurró ella, aún sonriendo, acariciando los cabellos del joven, quien se había arrodillado a su lado, para quedar a la altura de sus manos-. No me atrevo a decir que más, porque aún no soy capaz de entrar a los corazones de otras personas para ver cuánto aman.
Joey rió, tomándole la mano a su novia y entrelazando sus dedos con los suyos propios.
-¿Podrías cerrar los ojos? –le preguntó él, con un tono de voz que la convencería hasta para saltar de un precipicio.
-Claro –musitó ella, acatando la orden.
Nerviosamente, Joey metió su mano al bolsillo, de donde sacó la caja azul de terciopelo y la abrió, para dejar la joya a la vista de la joven.
-Jennifer Kiffmeyer –comenzó él, haciendo que ella abriera los ojos, aturdida al ver el anillo ante ella-, me has hecho el hombre más feliz del mundo durante estos últimos cuatro años, eres la persona con la que quiero estar el resto de mi vida. Te amo… ¿Te casarías conmigo?
Ella seguía mirándolo sorprendida, intentando respirar con naturalidad.
-Entenderé si dices que no y…
Jenny lo interrumpió con un beso, sorprendiéndolo. Él se limitó a contestarle el beso.
-¿Eso significa un sí? –preguntó él, con algo de risa nerviosa.
-Mierda, ¡sí! –exclamó ella, aún emocionada- Te amo, te amo, te amo…
Joseph volvió a besarla, ahora más románticamente, tras lo que le puso el anillo en su dedo anular.
-¡FELICIDADES! –exclamó alguien desde la cocina, sobresaltándolos- Mi hermano se va a casar, mi hermano se va a casar…
-Mi hermanito interrumpió el momento, mi hermanito interrumpió el momento –canturreó Joey, irónicamente.
-Me importa un carajo haberlos interrumpido, ¡se van a casar! –exclamó Jakob, abrazándolos.
-Gracias, Jake –musitó Jenny, aún demasiado hiperventilada como para que su voz saliera normal.
-Bueno, los dejo para que hagan sus obligaciones de pareja –añadió, saliendo por la puerta del living-. Tienen toda la casa para sus cochinadas, menos el estudio.
-¡Jakob! –exclamó Joey, sonrojado, poniéndose de pié.
Su hermano menor no le contestó, por lo que suspiró, a la vez que Jenny se ponía de pié y lo abrazaba, estrechamente.
-No puedo creer que realmente vayamos a casarnos –susurró.
-¿Cierto? –susurró él, muy cerca del oído de la mujer, causándole cosquillas- Esto merece celebración.
Jenny rió levemente, a la vez que él descendía sus labios hasta el cuello de la mujer.
El Billie del 2020 la miraba confuso, aturdido y extrañado.
-¿Qué? –inquirió él, una vez recuperada el habla.
-Que parece que nos casamos –repitió ella, en un hilo de voz
-¡¿QUÉ?! –exclamó Billie, despertando a Tré y Brian, quienes seguían abrazados.
Ella negó y se dejó caer al suelo, rodeándose las piernas con ambos brazos y apoyando su cabeza en ellas. Mike suspiró.
-Pasamos fuera de una capilla anoche –comenzó a explicar él-. Tré le pidió matrimonio a Brian y, felices de la vida, corrieron a casarse. –Fue el turno de los hombres de mirarse sorprendidos; no les molestó, pero ambos se arrepentían de no haber hecho una GRAN boda.- Bueno, por mientras, nosotros tres estábamos afuera y tú –señaló al guitarrista- le pediste matrimonio a Jenny. Ella aceptó y entraron a la iglesia. Se casaron ustedes dos –señaló a Tré y a Brian- y luego ustedes dos –señaló a Billie y a Jenny- se acercaron al cura…
-Y hasta ahí recordamos –susurró Jenny, desde el suelo.
Silencio.
-Ca… ¿Casados? –susurró Billie, aún confuso.
-¡Sí, Billie, casados! ¡Cómo tú y Addie o yo y Joey! –exclamó ella, perdiendo la paciencia- ¡No puedo creer que me hayas pedido matrimonio!
-¿Y por qué aceptaste entonces? –inquirió él, molesto.
-¡Mierda, porque te amo y estaba ebria! –gritó ella, parándose, como si fuera algo obvio- ¡Imagina que la otra Jenny te hubiera pedido matrimonio estando borrachos! ¡¿Te habrías negado?!
Billie bajó la mirada, avergonzado. No estaba enojado con Jennifer, pero le molestaba que ella estuviera tan arrepentida… Aunque claro, se suponía que él no la amaba y la poligamia seguía siendo ilegal.
-Aún no sabemos si estamos casados o no –susurró él, intentando razonar.
-Ok, busquemos al puto cura y preguntémosle –masculló ella, dirigiéndose a la puerta de la habitación.
-¡Hey, calma! –exclamó Tré, desde la cama- ¿Podrías explicarme cómo estás cien por ciento segura de nuestra boda y no de la de ustedes?
Ella suspiró.
-Vimos el DVD –masculló Mike-. No encontramos el otro, pero eso no asegura que no hubo una boda. Conociéndolos, puede ser que lo botaron en algún lado o que se encuentra debajo de algo. Es más fácil preguntarle al cura.
Silencio.
-Vamos –fue todo lo que Billie dijo, rompiendo el silencio-. Tenemos que saber cuanto antes qué es lo que tenemos que hacer.
Jenny asintió, abriendo la puerta.
-¿Vienen? –preguntó ella.
-No, esto es algo de ustedes –musitó Mike, desde el interior-. Eso y que alguien tiene que encargarse de pedir el desayuno mientras estos dos celebran que están casados.
Brian y Tré lo miraron con cara de pocos amigos, tras lo que rieron levemente y procedieron a besarse. Pero ni Jenny ni Billie se enteraron de esto, ya que ambos ya se encontraban en el interior del elevador, en dirección a la planta baja.
Las puertas de acero se abrieron con ellos aún en silencio. Y el silencio se prolongó hasta varias cuadras después.
-¿Será esta? –preguntó Jenny, señalando una capilla que había al otro lado de la calle.
Un atisbo de memoria cruzó la mente de Billie Joe.
-Sí, es esa.
Nerviosos, cruzaron la calle y entraron a la capilla. No se sorprendieron al ver otra pareja borracha en el lugar, siendo casados por el cura.
-Puede besar a la novia –dijo el cura.
Billie y Jenny se acercaron a él, quien los miró, analíticamente.
-Necesitamos saber si… -comenzó el guitarrista, nerviosamente.
El cura levantó una mano, haciéndolo callar.
-No los casé anoche –dijo, seriamente-. Vi que tenían sortijas y que no eran del mismo material, así que no estaban casados entre ustedes.
Ambos suspiraron, aliviados.
-Sin embargo… -comenzó el flaco y calvo cura- Si yo fuera ustedes, comenzaría mi divorcio con mi pareja legal, ya que hacían una pareja muy linda anoche.
Los dos se sonrojaron, bastante.
-Gracias –susurró Billie, sin saber muy bien qué decir.
-Cuando quieran… -musitó él- Ah, cierto, no le diré nada a la prensa.
Ambos lo miraron con los ojos abiertos como platos.
-Soy el único ente en Las Vegas que sabe leer –ironizó él, señalando a Jenny-. Pero en serio, consideren lo que les dije…
Y sin más, ellos salieron de la capilla. Ella pensando en lo que extraño que era aquel cura… Y él preguntándose el porqué todo el mundo se daba cuenta de sus sentimientos, menos la pelirroja.

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