No me importa si el lunes es azul, el martes gris y el miércoles igual. Jueves, no me preocupo por ti, es viernes, estoy enamorado.
FRIDAY, I’M IN LOVE – THE CURE
-Estoy harto de esto –mascullaba Tré, aquel caluroso miércoles de la tercera semana de junio-. ¿A dónde mierda vamos ahora? ¿Cuándo llegan los demás?
Se encontraban en el aeropuerto de Irlanda a las once treinta de la noche, agotados. Se habían visto obligados a salir corriendo del Estadio en el que habían tocado aquella noche, debido a que los fans no los querían dejar salir, tras lo que tuvieron que subir a una van a toda prisa, sin esperar ni al resto del equipo ni a Brian.
-Nos vamos a Nueva Zelanda –masculló Mike, sentado en uno de los asientos del aeropuerto, con los ojos cerrados; lucía cansado-. Y Brian debería llegar en cualquier instante. Y no, Billie, no tengo idea si Jenny va a Nueva Zelanda.
-¡Pero no he dicho nada! –alegó el guitarrista, molesto.
-No, pero te conozco –murmuró el bajista-. Si no llega al vuelo de medianoche, dudo que Nueva Zelanda sea su siguiente destino.
Billie suspiró, casi imperceptiblemente, recostándose a lo largo de varios asientos y cerrando los ojos. El sueño iba a vencerlo pronto, pero quería ver si Jenny iba a estar con ellos esta vez o no. Después de todo, no la veía desde el domingo y su mera ausencia conseguía que viera todos los otros días grises.
-¡Brian! –exclamó Tré, sobresaltándolo y consiguiendo que abriera los ojos.
-¡Amor! –exclamó el hombre.
El guitarrista suspiró y volvió a cerrar los ojos. No tenía ganas de ver a Brian y a Tré besándose románticamente. En ese instante, le daban mucha envidia y no aguantaba verlos. Le dolía en lo más profundo de su ser, y mucho.
-Alguien está cansado –canturreó una voz femenina.
Abrió los ojos, ya no sobresaltado, sino emocionado.
-¡Jenny! –exclamó, parándose a abrazarla de un salto.
-No ha pasado tanto tiempo, Holden –murmuró ella, con una sonrisa, devolviéndole el abrazo-. Tranquilízate.
-Lo lamento –murmuró él, sonrosado-. ¿Qué te trae por aquí?
Jennifer alzó una ceja.
-¿Qué me trae a un aeropuerto? No sé, supongo que viajar a algún lado –ironizó ella. Él la miró molesto, dándole a entender que quería más detalles. La sonrisa volvió al rostro de la joven-. Estaba en Gales y Paul dijo que aprovechara que estaba por estos lados para ir a Irlanda, así que vine, firmé libros y decidí abordar aquí para mi siguiente destino.
-¿Y ese es…? –preguntó él, ansioso.
Una expresión de tristeza apareció en el rostro de la joven. Billie sintió esa tristeza en él mismo…
Hasta que ella sonrió, demostrando que era una broma.
-¡Nueva Zelanda! –exclamó, feliz- Paul hizo unos acomodos.
-Bendito seas, Paul –susurró el hombre, con una sonrisa casi mayor que la de la pelirroja.
Le dio un suave y discreto beso en la frente, tras lo que se dejó caer en uno de los asientos, invitando a Jenny a que se sentara a su lado. Ella le obedeció y apoyó su cabeza en el hombro del cantante.
-¡Qué sueño! –exclamó ella, bostezando.
-¿Cierto? –susurró él, contagiándose del bostezo- El vuelo sale en poco rato, así que…
Billie sonrió al notar que ella había cerrado los ojos y que su respiración se había vuelto acompasada y suave. Cuidadosamente, se movió para darle un beso en la frente, ante lo que ella se acomodó más aún.
-Agradece que esté vacío –masculló Mike, sentándose al lado de su amigo-. Si no, me tendrían despertándola cada dos segundos.
-Lo agradezco –susurró Billie, acariciándole la mejilla levemente a la mujer.
El reloj del aeropuerto no tardó en marcar las doce de la noche. Recién ahí, Billie se atrevió a despertar a Jennifer, quien abrió sus azules ojos aturdida. La ayudó a pararse y, con la excusa de que ella estaba a punto de caerse dormida, la rodeó con un brazo para ayudarla a llegar al avión.
Apenas se sentaron, ella volvió a dormirse… Sólo que esta vez no fue la única.
De no ser porque la primera clase del avión iba desierta, todo el mundo se habría quedado mirando extrañada la iracunda mirada que Mike les lanzaba a sus amigos, quienes se quedaron dormidos semiabrazados.
Llegaron a Nueva Zelanda varias horas después. Billie, que acababa de despertar, pudo observar como el sol se alzaba en aquella isla…
Que encontró nevada.
Extrañado, se deshizo del abrazo que Jenny le daba entre sueños y se dirigió al baño, a despejarse y lavarse el rostro, tras lo que revisó el paisaje por la ventana de un puesto vacío. Maldijo y se dirigió hacia el bajista.
-Mike… ¡Mike! –susurró Billie, zarandeándolo.
-¿Uh? –preguntó su amigo, despistado- ¿Qué ocurre?
-¿Por qué Nueva Zelanda está nevada? –inquirió a modo de respuesta.
-¿Uh? –repitió el bajista, poniéndose de pié y dirigiéndose a la ventana desocupada más cercana; Jenny seguía durmiendo y no querían despertarla.
Mike también maldijo.
-Es junio, acá es invierno –masculló-. Le avisaré a Rob para que haga unas llamadas antes de bajarnos del avión.
Sin más, se dirigió a la parte trasera de la primera clase. Rob y el resto del equipo prefería sentarse alejados de ellos. Eran bastante ruidosos y no dormían al mismo tiempo que ellos. De hecho, Rob ya estaba más que despierto, trabajando en algo que a ellos no le interesaba en su computadora portátil.
Pero eso no le importaba a Billie en ese instante. Todo lo que le importaba era ver como Jenny abría los ojos.
-¿Cuánto falta? –preguntó ella, al notar que Billie se acercaba a su asiento, junto a ella.
-Señores pasajeros, por favor, pónganse el cinturón de seguridad, vamos a aterrizar –dijo la voz de la azafata por los parlantes.
-Ahí tienes tu respuesta –murmuró él-. Mierda, hay mucha nieve.
Un destello cruzó los ojos de la pelirroja.
-¿De verdad? –inquirió, con una sonrisa.
Billie suspiró.
-No me digas que andas con ánimo invernal –farfulló.
-Lo lamento, hace tiempo que no voy a la nieve… -Billie suspiró.- Dudo que pueda ir a hacer estupideces hoy de todos modos…
-¿Por qué? –preguntó él, entristecido por ella.
-Tengo que firmar muchos libros y dar una lectura –susurró ella, restregándose los ojos.
Él miró a su alrededor y, tras asegurarse que nadie miraba, le dio un suave y corto beso en los labios.
-Hoy día tampoco estoy disponible, pero mañana iremos a un parque a jugar como los estúpidos infantiles que somos, ¿ok? –susurró él, con una sonrisa.
-De acuerdo –accedió ella, también sonriente.
Apenas aterrizaron, se encontraron con unos sujetos con ropa de invierno para los chicos y Jenny; Rob había cumplido con las llamadas que Mike le había pedido. Se cambiaron de ropas en los baños del Aeropuerto Internacional de Nueva Zelanda y luego se subieron a la van que los esperaba, la cual los dejó en el hotel. Jenny se despidió de ellos y se dirigió a su cuarto, desde el que se fue a la librería donde firmaría libros hasta bastante tarde, mientras que los demás se iban al estadio en el que iban a tocar, para ensayar algo.
El sonido de alguien golpeando la puerta fue lo que la despertó al día siguiente. Aturdida, se estiró y se dirigió a la puerta, la cual abrió sólo un resquicio. Al ver que era el guitarrista, la abrió por completo.
-¿Qué hora es? –preguntó ella, haciéndolo pasar, extrañada por lo oscura que estaba la estancia.
-Las seis de la mañana. Era para aprovechar el día –susurró-. Eso y Tré va a darse cuenta que le saqué su ropa cuando despierte y se enojará.
Ella lo miró extrañada.
-¿Por qué le sacaste su ropa? –preguntó.
-Porque es la única que nos queda bien y no tiene micrófonos –explicó, con una pequeña sonrisa.
-¿Nos queda bien? –inquirió ella, alzando una ceja.
Sonrojado, Billie le pasó una bolsa que tenía ropa del baterista, además del detector de micrófonos.
-Me gustaría algo de privacidad hoy, no sé –se explicó él-. Si voy a estar jugando en la nieve, no quiero que nadie más que nosotros lo sepa.
Jenny sonrió.
-Me cambio en el baño y vamos –musitó.
Salió a los pocos minutos, con la ropa de Tré. Billie le había escogido el conjunto más femenino del baterista. Se sonrieron y salieron de la habitación del hotel, para luego salir de éste y dirigirse a un parque cuya ubicación la pelirroja desconocía.
Llegaron a los pocos minutos. El lugar estaba completamente nevado, al igual que la única banca que había. Sonriendo, ella se agachó, recogió un montón de nieve con sus manos (enfundadas en guantes pertenecientes al baterista), hizo una bola con ella y se la lanzó a Billie, quien la miró molesto, tras lo que se agachó y formó su propia bola de nieve, la cual se la lanzó a la escritora, iniciando así una guerra de nieve que se alargó por un buen rato y acabó con la pelirroja tirándose a la nieve para hacer un ángel con sus brazos y piernas.
-¿Por qué hiciste eso? –preguntó él, tirándose a su lado.
-No sé, un impulso –se excusó ella-. ¿Te molesta?
-No realmente. Son cosas así las que me hacen amarte tanto.
De no ser por la sorprendida y extrañada mirada que Jenny le lanzó, Billie no se habría dado cuenta que acababa de meter la pata.

No hay comentarios:
Publicar un comentario