Rest One of these days Simple Twist of Fate I'm not tere Suffocate Rotting Suffocate? Dearly beloved Hold On Wake me up when September ends Good Riddance (Ridding of you) Cigarettes and Valentines
Prólogo

domingo, mayo 01, 2011

One of these days - Chapter sixteen: Forgive me.


Billie tomó los papeles del suelo, entristecido. Sabía que esos papeles eran la única razón por la cual Jenny volvería a pisar su hogar. Había arruinado todo sólo por ser tan imbécil como para no haber mencionado antes que Addie había visto a una prostituta salir de su hogar. Volvía a estar solo, sin contar a Mike, ya que Tré estaba en New York con Ramona.
Suspiró. Dejó los papeles encima de la mesa de centro del living y fue a la cocina, donde sacó una cerveza del refrigerador. Sería otro día de no hacer nada, pensaba, mientras se sentaba en el sofá. Planeaba quedarse ahí el resto del día, que acababa de comenzar.
Su vista se desvió del techo a la mesa del centro, donde seguían los papeles. Se sintió tentado a tomar uno y comenzar a leerlo, pero se contuvo. Después de todo, ella no quería que los leyera.
Terminó la cerveza y, un buen rato después, fue al baño. Tras pasar nuevamente a la cocina, volvió al living, con un plato de pastas (sobrantes del día anterior) y un café. Dejó su almuerzo encima de la mesa de centro, junto a los papeles y puso música. Era un disco que compilaba unas ocho horas de su música favorita. Subió el volumen y comenzó a comer. Se sentía tan solo....
Nuevamente, su mirada se desvió a las hojas sueltas. Sin pensarlo antes, tomó una, sólo con el fin de analizar la caligrafía de Jenny.
Se sorprendió al comprobar que tenía la misma letra que la de Jenny Lovett. Iba a dejar la hoja de lado, pero leyó de casualidad una línea, escrita en primera persona, que era como la presentación del narrador...
Era él.
Quedó realmente anonado al asegurarse de que el nombre del protagonista era el suyo y que también salían Mike, Tré, Addie, Joey y Jake, más avanzada la lectura.
-¿Cómo que Addie está muerta? –susurró, extrañado.
Siguió leyendo, fascinado. Era una historia... Podría decirse que policial, ya que el Billie de la historia estaba intentando averiguar quién era el causante de la muerte de Addie. Llegó al clímax, estaba en la mejor parte...
-Mierda.
La última hoja sólo tenía dos líneas escritas. Los siguientes dos párrafos estaban tan tachados que eran ilegibles. Parecía que Jenny no podía escribir el final. Suspiró.
Se dio cuenta de que no había música sonando, lo que indicaba que el disco había acabo. Eso explicaba el porqué estaba tan muerto de hambre, pero no había querido interrumpir su lectura.
Se paró, dejó el plato en el lavaplatos y la botella vacía en la bolsa en la que juntaba las botellas. Volvió al living. Tomó un lápiz de algún mueble y se acercó a la última hoja, donde escribió en letras mayúsculas un gran “Perdóname”.
No tenía nada más que hacer, por lo que fue a su habitación, donde se metió a la cama y se durmió al instante.
Al mismo tiempo, en su casa, Jennifer Kiffmeyer encendía el computador. Paul le estaba pidiendo otra historia, por lo que debería traspasar una y cambiarles los nombres a los personajes de sus Fan Fictions. Abrió su bolso, para sacar una de sus historias...
No estaba.
Dio vuelta el bolso, vaciando todo su contenido. Había desde papeles a folletos, pasando por pañuelos y botellas plásticas de bebidas, vacías. Maldijo.
-Se debe haber quedado en casa de Billie –se susurró, pensando en voz alta, mientras empalidecía levemente-. Dudo que lo lea.
En realidad, no lo dudaba. Estaba segura de que la curiosidad del hombre bastaba para leer las hojas... Y descubriría que ella...
Negó. Se obligó a pensar positivamente.
¿Y de qué le servía? Se preguntaba, mientras apagaba el computador, inútilmente prendido. Creer algo no cambiaba la realidad, simplemente le daba un enfoque diferente y falso.
Se puso el pijama, fue al baño y, un tanto angustiada, se metió a su cama, donde se durmió de inmediato.
El día siguiente comenzó a pasar muy lentamente... Recién acababa de desayunar y sentía que el día se le había hecho eterno. Y sabía la razón: La pelea con Billie Joe. Ahora le parecía estúpida y demás. Había una posibilidad de que él dijese la verdad...
Negó con la cabeza. Debía hablar con él. Además, necesitaba recuperar esa historia para poder terminarla.
Sin dudarlo, tomó el bolso de siempre (cuidando de no llevar ningún papel) y corrió al edificio de su amigo. Subió al ascensor, donde apretó impacientemente el botón del séptimo piso. Llegó allá y corrió a la puerta 723. Tocó la puerta y Billie le abrió de inmediato.
Ella abrió la boca para decir algo, pero él la interrumpió.
-Sé que debí haber confiado en ti y decirte lo de la prostituta. Si no me crees, está bien, es cosa tuya... Pero... –la miró fijamente, con la honestidad reflejada en sus ojos- ¿Me perdonas?

1 comentario: