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Un mes había
pasado… Y yo seguía esperando. Esperando a que algo cambiase, esperando a que,
cuando nos encontráramos, fuera capaz de hablarle, de sacarle una sonrisa, de
saludarla. Pero el problema era que yo, Jesus, era un maldito estúpido que no
era capaz de hablar con una desconocida. De hecho, la única razón por la que
tenía amigos ahora, era porque ellos me habían saludado… Eso y que estaba
demasiado drogado como para importarme mi vergüenza…
Drogas…
No, la chica
desconocida ya me había visto muy drogado una vez sin conocerme. Si iba a
hablarle, estaría limpio… Al menos la primera vez, para que no pensara que era
un estúpido drogadicto. Créanlo o no, lo tengo bajo control…
O eso es lo que me
hago creer, si quiero ser un tanto más honesto.
-Jesus, deja de
pensar en ella –masculló Tim, sacándome de mi ensimismamiento.
-No puedo hacerlo
–susurré, enojado conmigo mismo-. No puedo. Soy demasiado tímido y tarado como
para hablarle…
Y lo que más miedo
me daba era que alguien más hablara con ella antes. O peor aún: Que alguien ya
le hubiese hablado. Qué terrible sería verla un día caminando de la mano con
alguien que no fuera yo.
Aunque…
Yo no podía hablar con ella.
Yo, Jesus no podía hablar con ella.
-¿Qué se te ocurrió
ahora? –me preguntó mi amigo, cansinamente.
Suspiré.
-¿Cuánto te
opondrás a promocionar mi alter ego? –pregunté.
Me miró extrañando
y sin comprender.
-¿A qué te
refieres? –inquirió, con un renovado entusiasmo en sus ojos. Eso era un
sinónimo a “punto a favor de Jesus”.
-Bueno… YO no soy
capaz de hablar con ella –comencé, explicando mi punto de vista-. ¿Y si
desarrollo una personalidad alternativa, por decirlo así? ¿Alguien que sí será
capaz de vivir en las calles sin necesidad de la ayuda de todos sus contactos?
¿Alguien que sea capaz de hablar con ella?